Comprar alimentos en cuya producción no hubiera ni pizca de pesticidas, modificaciones genéticas o productos químicos empezó siendo cosa de hippies. Ahora es la clase media y media-alta la que se apunta. Por eso cada vez es más fácil encontrar prácticamente de todo: a los tomates y la leche se han unido todo tipo de embutidos, cavas y hasta las comidas preparadas. Eso sí: no es bio todo lo que reluce. El mejor aliado para que nadie le mienta es mirar bien la etiqueta. El certificado no engaña.
Lo cierto es que, según varios estudios de la consultora de consumo TNS, la mayoría de los que se apuntan a la moda de lo bio tienen estudios medios o superiores y un nivel socio-económico medio o medio-alto. Esto hace que la industria ecológica soporte mejor los vaivenes de la recesión y que en España ya se dedican 1,3 millones de hectáreas a producir alimentos ecológicos. En las tiendas y supermercados especializados se puede encontrar natillas, croquetas, té o paella al vacío con garatía ecológica. También cada vez más productos higiénicos, como champú o compresas.
las estadísticas del Ministerio de Medio Rural para explicar que la cuota de mercado de estos alimentos es sólo del 0,7%. En países como Dinamarca es del 6% y nueve de cada diez orgánicos se venden en el súper del abrrio. No es extraño que de aquel país haya llegado a Alimentaria productos de la huerta danesa en busca de un mercado con tanto potencial como el español. Por ejemplo, los zumos orgánicos de la huerta danesa, como los de Søbogaard, distribuidos por Sole Graells y avalados por los hermanos Albert y Ferran Adrià.
"Un 10% de gente dice que no compra cosas ecológicas porque no se fía de que sea verdaderamente ecológicos. Es absurdo. Sólo hay que mirar la etiqueta", señala Benjamín. Un pequeño dibujito con un sol y las iniciales del consejo regulador de la comunidad autónoma donde se produce, son la clave.
información sacada de www.vidasana.org
C.Delgado/ElPais.es - M.Prieto/Vida Sana